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El sector porcino español se encuentra en un momento decisivo. Podemos decir que el año 2024 ha sido crucial, enfrentándonos a desafíos económicos, regulatorios, sanitarios y sociales sin precedentes. Sin embargo, también hemos confirmado nuestra capacidad de resiliencia e innovación, consolidando al porcino como un pilar clave de la economía agroalimentaria de España.
En primer lugar, la volatilidad de los costes de producción, especialmente los relacionados con la alimentación animal, ha sido una constante ese año. Aunque los precios internacionales de los cereales se estabilizaron ligeramente, los costes energéticos y las normativas medioambientales han supuesto ajustes importantes para las granjas. A ello se suma un mercado internacional cada vez más competitivo.
No obstante, España ha mantenido su liderazgo en la Unión Europea gracias a nuestra capacidad de exportación y al crecimiento sostenido de mercados clave, como China, Japón y Corea del Sur sin olvidar la venta dentro de la Unión Europea. La apuesta por una producción de calidad y el cumplimiento de estándares internacionales nos han permitido seguir siendo referencia mundial.
En 2025 enfrentamos grandes retos que definirán el futuro del sector. Su papel como motor económico del medio rural y su relevancia en el panorama agroalimentario europeo le exigen avanzar hacia un modelo que combine innovación, sostenibilidad y bienestar animal. Este equilibrio no es solo una aspiración, es una necesidad para garantizar su viabilidad a largo plazo. Prácticas como la valorización de purines, la reducción de emisiones y el uso eficiente del agua se han consolidado en muchas explotaciones. Pero, más que responder a exigencias normativas, estas acciones han demostrado su capacidad para generar impacto positivo, tanto en el medio ambiente como en las comunidades rurales.
"El camino en 2025 no será sencillo, pero es también una oportunidad única para demostrar que el sector porcino puede ser líder en innovación y sostenibilidad”
Sin embargo, la realidad es clara: necesitamos ir más allá. Para 2025, será crucial acelerar la adopción de tecnologías que reduzcan aún más la huella ambiental del sector, en un entorno donde los costes y las exigencias regulatorias aumentan de forma constante. En este sentido, la innovación será nuestra gran aliada. Herramientas como la digitalización o el análisis de datos ya están redefiniendo la ganadería porcina, con soluciones que optimizan la alimentación, previenen enfermedades y mejoran el bienestar animal. Estos avances son promisorios, pero no alcanzan si no logramos extenderlos a toda la cadena de valor. Esto pasa por garantizar infraestructuras adecuadas, como una conectividad real en el medio rural, y por apostar por la formación continua de nuestros profesionales.
El bienestar animal es otro eje que se ha consolidado como prioritario. Los consumidores exigen sistemas más respetuosos, y el sector ha respondido con medidas que van desde el rediseño de instalaciones hasta la eliminación de prácticas invasivas. Aunque estos pasos representan avances significativos, la sociedad pide cada vez más transparencia y productos saludables, lo que nos obliga a reforzar nuestras estrategias de comunicación. Este esfuerzo, lejos de ser un obstáculo, es una oportunidad para reforzar la confianza del consumidor y consolidar la posición del porcino español en los mercados internacionales.
El camino en 2025 no será sencillo, pero es también una oportunidad única para demostrar que el sector porcino puede ser líder en innovación y sostenibilidad. En ICPOR, sabemos que este equilibrio es posible. Nuestro compromiso es avanzar hacia un modelo productivo que no solo garantice alimentos de calidad, sino que también respalde el desarrollo rural, respete el entorno y responda a las expectativas sociales. Por eso, miramos al futuro con optimismo. Si mantenemos el rumbo y trabajamos juntos, no hay duda de que el porcino español seguirá siendo un referente global, no solo por su excelencia, sino también por su compromiso con las personas, el medio ambiente y los animales. El futuro no se improvisa; se construye desde el presente.